Piorrea: qué es, síntomas y tratamiento

Si te sangran las encías al cepillarte, tienes mal aliento que no se va o notas que tus dientes parecen más largos de lo que eran, puede que estés ante los primeros signos de piorrea. Es una enfermedad que afecta a millones de personas en España y que, si no se trata a tiempo, acaba provocando la pérdida de dientes.
La buena noticia es que con el tratamiento adecuado se puede controlar. La mala, que no desaparece sola y que cada mes que pasa sin tratarla el daño avanza.
Qué es la piorrea
La piorrea, cuyo nombre técnico es periodontitis, es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a los tejidos que rodean y sostienen los dientes: las encías, el hueso alveolar y los ligamentos periodontales. No es una simple inflamación superficial, sino una infección que destruye de forma progresiva la estructura que mantiene los dientes en su sitio.
Se origina casi siempre a partir de una gingivitis no tratada. La gingivitis es la fase inicial, reversible, en la que solo están afectadas las encías. Cuando la infección avanza y llega al hueso, ya estamos hablando de periodontitis o piorrea, y el daño que causa en el hueso no es reversible.
Es una de las enfermedades bucales más frecuentes en adultos. Según los datos de la Sociedad Española de Periodoncia, más del 40% de los adultos en España presenta algún grado de enfermedad periodontal, aunque muchos no lo saben porque los síntomas iniciales son poco llamativos.
Causas de la piorrea
La causa principal es la acumulación de placa bacteriana que no se elimina correctamente con el cepillado. Con el tiempo esa placa se mineraliza y se convierte en sarro, que ya no puede quitarse en casa y que sirve de refugio a las bacterias que atacan las encías y el hueso.
Sin embargo, no todo el mundo con mala higiene desarrolla piorrea, ni toda persona con buena higiene se libra de ella. Hay factores que aumentan significativamente el riesgo.
Factores que aumentan el riesgo de piorrea
El tabaco es el factor de riesgo más importante después de la higiene. Los fumadores tienen entre dos y siete veces más probabilidades de desarrollar periodontitis, y además responden peor al tratamiento porque el tabaco reduce el flujo sanguíneo en las encías y enmascara el sangrado, uno de los principales síntomas de alerta.
La diabetes mal controlada también favorece la enfermedad periodontal, y la relación es bidireccional: la piorrea empeora el control glucémico y la diabetes dificulta la curación de las encías. Otros factores relevantes son los cambios hormonales (embarazo, menopausia), el estrés crónico, ciertos medicamentos que reducen el flujo de saliva y la predisposición genética, que explica por qué algunas personas desarrollan la enfermedad a pesar de mantener una higiene correcta.
Síntomas de la piorrea: señales que no debes ignorar
El problema de la piorrea es que en sus fases iniciales es prácticamente indolora. Muchas personas llegan a la consulta cuando la enfermedad ya ha avanzado porque nunca sintieron dolor. Por eso conviene conocer los síntomas más habituales.
Sangrado de encías
Es el primer síntoma y el más frecuente. Si las encías sangran al cepillarte, al usar hilo dental o incluso de forma espontánea, no es normal ni se soluciona cepillándote más fuerte. El sangrado es una señal de inflamación activa que hay que evaluar cuanto antes.
Encías inflamadas, rojas o retraídas
Las encías sanas son de color rosa pálido y tienen una textura firme. Cuando están rojas, hinchadas o se separan del diente dejando ver más superficie dental de la habitual, es una señal de que algo no va bien. La retracción gingival es especialmente preocupante porque una vez que la encía retrocede no vuelve a su posición original sin intervención.
Mal aliento persistente
La halitosis crónica que no mejora con el cepillado ni con el enjuague puede estar relacionada con la presencia de bacterias en las bolsas periodontales. Esas bacterias producen compuestos sulfurados que generan un olor desagradable difícil de eliminar si no se trata la causa.
Movilidad dental o separación entre dientes
Cuando la piorrea ha destruido una cantidad significativa de hueso, los dientes empiezan a moverse o a separarse. Este es un síntoma tardío que indica que la enfermedad ya está en una fase avanzada. Si notas que un diente se mueve o que han aparecido espacios entre dientes que antes no existían, es urgente que lo vea un periodoncista.
Sensibilidad dental
La retracción de encías expone la raíz del diente, que no tiene esmalte protector. Eso provoca sensibilidad al frío, al calor o a los alimentos dulces que puede volverse muy molesta con el tiempo.
Fases de la piorrea: de la gingivitis a la periodontitis avanzada
La enfermedad no aparece de golpe. Evoluciona por etapas y cuanto antes se detecte, mejor es el pronóstico.
Gingivitis: la fase reversible
Es la etapa inicial en la que la inflamación afecta solo a las encías. El hueso todavía no está comprometido y con una limpieza profesional y una mejora de la higiene en casa se puede revertir completamente. Muchas personas conviven con gingivitis durante años sin saber que tienen un problema.
Periodontitis leve y moderada
Cuando la infección supera la encía y empieza a afectar al hueso, hablamos ya de periodontitis. Se forman bolsas periodontales, que son espacios entre el diente y la encía donde se acumulan bacterias y que el cepillo no puede limpiar. El daño óseo en esta fase es ya irreversible, aunque con tratamiento se puede detener su progresión.
Periodontitis avanzada
En la fase avanzada la destrucción ósea es importante, los dientes presentan movilidad y el riesgo de pérdida dental es alto. En muchos casos se necesita cirugía periodontal para acceder a zonas profundas que no se pueden tratar con raspado convencional. Si la pérdida de dientes ya se ha producido, los implantes dentales son la solución más estable para recuperar la función masticatoria.
Tratamiento de la piorrea
La piorrea no se cura sola y no tiene cura definitiva en el sentido de que el daño óseo causado no se regenera de forma natural. Lo que sí es posible es detener su progresión, controlar la infección y mantener los dientes en boca durante muchos años con el tratamiento y el seguimiento adecuados.
Raspado y alisado radicular
Es el tratamiento básico y el punto de partida en la mayoría de los casos. Consiste en una limpieza profunda bajo la línea de la encía para eliminar el sarro, las bacterias y el tejido infectado que se ha acumulado en las bolsas periodontales. Se realiza con anestesia local para que no resulte incómodo y habitualmente se divide por cuadrantes.
Después del raspado, las encías se retraen ligeramente al desinflamarse, los dientes pueden parecer un poco más separados y es normal sentir algo de sensibilidad durante unos días. Todo eso es señal de que el tratamiento está funcionando. Si necesitas más información sobre en qué consiste este procedimiento, puedes consultar nuestra sección de periodoncia.
Antibióticos
En algunos casos, especialmente cuando hay infección bacteriana aguda o cuando la respuesta al raspado no es suficiente, el periodoncista puede prescribir antibióticos locales o sistémicos para complementar el tratamiento mecánico. No se usan de forma rutinaria en todos los pacientes porque su uso indiscriminado genera resistencias.
Cirugía periodontal
Cuando las bolsas periodontales son muy profundas o están en zonas de difícil acceso, puede ser necesaria una intervención quirúrgica par
